El drama de los que no pueden oler

El drama de los que no pueden olerLa anosmia e hiposmia (falta total o parcial de la capacidad olfativa) afectan al 12 por ciento de los argentinos; testimonios y recomendaciones médicas.

“Recordá esos dos o tres días en los que te agarrás un fuerte resfrío y no podés oler nada. Ahora, imaginá que te pase eso todos los días de tu vida.”.

Susana Restal está dentro del dos por ciento de los argentinos que padecen anosmia o falta total de olfato. Mientras que otro diez por ciento padece hiposmia o disminución de este sentido, según las últimas estadísticas médicas nacionales.

“Más allá de lo que me pasa, yo fui madre hace poco y siento mucha bronca por el problema que tengo, ya que no puedo oler a mi propia hija”, explicó Susana a LA NACION, que trabaja como oficinista y padece de una sinusitis crónica que la hizo perder el olfato a los 27 años.

“Antes podía disfrutar de un buen vino o un rico perfume, pero todo esto se terminó tras un fuerte resfriado que me tuvo en cama durante varios días”, enfatizó Susana y agregó: “Ahora, mi mayor preocupación es la de instalar detectores de gas en mi casa, ya que vivo sola con mi hija y temo no poder darme cuenta de una posible pérdida, poniendo en riesgo no sólo mi vida, sino la de mi hija”.

El sistema olfatorio en el cuerpo humano. Foto: Archivo

Diversos estudios científicos indican que el ser humano puede percibir alrededor de 10.000 olores diferentes. Pero en los últimos millones de años de evolución humana, ese sentido fue decayendo frente a la visión y la audición.

Cuando el Australopithecus, antepasado del hombre, se puso de pie hace unos cuatro millones de años, el olfato perdió el gran protagonismo que tiene hoy en el resto de los animales terrestres, ya que más lejos del suelo, la vista y el oído adquieren una mayor importancia que oler mejor.

Existen pocos estudios respecto de la cantidad de personas que padecen esta afección en nuestro país. Pero una investigación realizada por el Grupo de Estudio de Olfato y Gusto (GEOG) reveló que las alteraciones del olfato afectan al 12,2% de los porteños. El relevamiento de 2011 contó con la participación de 1223 voluntarios de entre 20 y 88 años.

Las causas de la anosmia pueden ser variadas, desde a nivel genético hasta por un resfrío mal curado. Foto: Archivo

Mariela Ruiz, titular de Otorrinolaringología de la carrera de Medicina de la Universidad Abierta Interamericana explicó a LA NACION que la anosmia e hiposmia son síntomas que muchas veces se soslayan debido a que generalmente aparecen otros problemas respiratorios que son considerados más importantes para los pacientes.

“Por ejemplo, que tenga dificultades para respirar, o bloqueo o pólipos nasales, o hasta una alergia, pueden venir acompañados por la falta de olfato y también para percibir el gusto, ya que son problemas solidarios. En la medida en que uno de esos sentidos esté alterado, el otro también se verá afectado”, afirmó la especialista.

“No es tan frecuente en la consulta médica la anosmia o hisposmia por sí misma, pero siempre encontramos pacientes que las padecen. Puede ser circunstancial y durar un par de días, para luego recuperar el sentido como si nunca hubiese sucedido nada. O bien, puede persistir a lo largo del tiempo, e instalarse y nunca más modificarse”, explicó la doctora Ruiz y agregó que el dato de que afecta al dos por ciento de los argentinos es subestimado.

CAUSAS DE LA ANOSMIA

Según Ruiz, las causas más frecuentes pertenecen a pacientes con antecedentes de patología de alergia, de rinitis y de rinosinusitis, agudas o crónicas. Otras causa puede ser una infección por vías aéreas superiores, como un resfrío, catarro, o por una cuestión viral que afecta la cintilla olfatoria.

“No recuerdo cuando supe que no tenía olfato. Cuando tenía 12 años me acuerdo que se hizo todo un tema familiar por lo que comencé a concurrir a diferentes médicos. Me operaron luego a los 21 por un problema en el tabique pero tampoco puede recuperar el olfato allí. Mi familia sospecha de un golpe que me di en un tobogán a los diez años, pero esa suposición nunca pudo ser comprobada por los médicos”, relató Agustín S, que padece anosmia.

Por algún traumatismo cráneo encefálico, como latigazos o caídas hacia atrás. La adicción a sustancias también puede alterar el sentido del gusto y el olfato. Incluso hay algunos tumores del área de la nariz que pueden afectar el olfato.

Agustín explicó sentir el mismo olor frente a una flor que a la basura o la materia fecal: “No puedo percibir la diferencia. Por ejemplo, el desodorante lo elige mi mujer. Y no tengo la costumbre de regalar perfumes. Si abro el frasco y me lo pongo en la nariz, siento un cosquilleo, pero no olor. Jamás podría diferenciar una marca de otra”.

“Y con las comidas lo mismo. No sé lo que es el olor a milanesa o pescado frito. Cuando camino por la calle y paso por una obra con un amigo, ese ´¡Uhhh, qué rico asadito que se están haciendo!´ no lo puedo notar”, afirmó, quien realiza pruebas con los ojos cerrados junto a su esposa, pero no logra darse cuenta si le acercan o le alejan una fuente de olor.

La doctora Ruiz precisó que se puede llegar a la falta de olfato también por intoxicaciones con algunas sustancias muy irritativas, como la utilización del formol para alisamiento de cabellos: “He visto a muchos peluqueros con estos síntomas por utilizar productos químicos. Deberían utilizar mascarillas, ellos y los clientes ante una exposición de cuatro o cinco horas”.

Aparte de padecer anosmia o hiposmia, hay pacientes que pueden tener sensaciones llamadas fantosmias o parosmias, dado que perciben olores que no existen.

DETECCIÓN DE LA ANOMALÍA

“Primero se realiza una historia clínica profunda del paciente. Si tiene antecedentes o si toma alguna medicación que pudiese afectar ese sentido. Luego, se realiza una evaluación completa que puede incluir una finofibrolaringoscopía (estudio donde se visualiza la fosa nasal), tomografías computadas y resonancia magnética nuclear. Y algunos test de olfatos que ayudan a identificar las alteraciones que padece el paciente”, indicó Ruiz.

También explicó que en la tercera y cuarta edad estos síntomas son bastante habituales, ya que forman parte de las enfermedades degenerativas como la pérdida progresiva de la vista o del oído. Y la exposición excesiva al polvo y al humo de cigarrillo también puede conducir a una pérdida del sentido del olfato.

“Es una cuestión absolutamente fundamental para la vida ya que una persona puede no percibir el olor a gas o el gusto de una comida en mal estado, que puede poner en riesgo su vida y la de otras personas”, concluyó la especialista.

MOLÉCULA OLOROSA

Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas, profesor de la UNQ e investigador del Conicet, explicó a LA NACION que cada neurona del epitelio olfatorio tiene un solo tipo de receptor que, a su vez, es activado por una única molécula olorosa.

Diversos estudios científicos ayudan a clasificar los tipos de olores. Foto: Archivo

“Los olores son mezclas complejas de estas moléculas que activan una combinación particular de estas neuronas (investigación merecedora del premio Nobel a Richard Axel y Linda Buck hace pocos años) y la anosmia afecta precisamente a estas neuronas olientes”, indicó Golombek.

Golombek precisó que existe una memoria olfativa en el ser humano y que las fragancias pueden bucear en nuestro cerebro para despertar recuerdos inesperados. También hay olores inconscientes, como las feromonas, sustancias químicas que el cerebro percibe y controlan comportamientos instintivos y niveles hormonales.

“Hay experimentos en los que se prefiere a una u otra persona, basado en estas feromonas. En una experiencia clásica, los científicos se divirtieron dando a voluntarias a oler remeras que habían usado distintos hombres para dormir. Las mujeres eligieron remeras que habían usado hombres con feromonas que indicaban un sistema inmune fuerte y complementario con el propio, cosa de que si llegaban a tener hijos con el portador de la remera, resultaran de lo más sanitos”, indicó el científico.

Y enseguida recordó a los olientes famosos como Josefina, a quien Napoleón le advertía: “Vuelvo en tres días, no te bañes” o a Cleopatra que vivía embadurnada con aromas de El Cairo.

Pero sin lugar a dudas, el más reconocido es Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista del bestseller y película El perfume, del alemán Patrick Süskind.

Allí, un hombre nace con el don de un olfato capaz de clasificar y recordar en millones de aromas, incluso a kilómetros de distancia. Su obsesión lo lleva a inventar la fórmula del olor más exquisito: el olor a humano.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1717267-el-drama-de-los-que-no-pueden-oler

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