Fatiga crónica: una consecuencia del mal descanso

Fatiga crónica: una consecuencia del mal descansoSe trata de una sensación de agotamiento prolongado que no se alivia ni se resuelve descansando. A su vez, disminuye la posibilidad de realizar las tareas cotidianas, así como también la capacidad cognitiva e intelectual.

De acuerdo con diversos estudios en la Argentina se duerme, en promedio, dos horas menos de lo recomendable. El 40% de los argentinos sufre algún trastorno del sueño.

El principal problema o la mayor consecuencia negativa de dormir mal no se vive durante la noche de insomnio, sino que se experimenta al día siguiente. Eso se debe a que durante las horas de vigilia se desarrolla un cuadro que se conoce como “fatiga crónica”.

Fatiga crónica

Se describe como “una sensación de agotamiento prolongado que no se alivia con el descanso y que, consecuentemente, disminuye en gran medida la capacidad para realizar tareas cotidianas”.

Además, la fatiga crónica o “el mal del día después” compromete la capacidad cognitiva e intelectual; pero incluso en el caso de quien la padezca trabaje con máquinas o maneje un automóvil, pone en riesgo la vida propia y la de los demás.

Por todas las consecuencias negativas que genera y debido a que los procesos que favorecen el insomnio pueden variar a medida que pasa el tiempo, a la hora de pensar en un tratamiento o en la educación del paciente para modificar los hábitos, es fundamental establecer cuál es la causa que está provocando la dificultad para conciliar el sueño.

“Algunos de los factores precipitantes del insomnio pueden ser transitorios, como ocurre con la ansiedad, otros perpetúan el insomnio y provocan síntomas crónicos. Entre las consecuencias más evidentes para la salud se cuentan la obesidad, la hipertensión arterial, el aumento de la frecuencia cardíaca, la temperatura basal y la diabetes, así como también las enfermedades neurodegenerativas”, completó el Dr. Cardinali.

Los trastornos del sueño

El Dr. José Antonio Bueri, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Austral (HUA), sostuvo que “en el caso de pacientes con patología neurológica es fundamental no solo realizar la educación respecto a hábitos higiénicos del sueño, sino también la puesta en marcha de un plan farmacológico, ya que los medicamentos pueden ser la única opción a la hora de conciliar el sueño y mejorar la calidad del descanso”.

 

“No debemos olvidar –especificó el Dr. Bueri– que el sueño está regulado por el sistema nervioso central (SNC), con lo cual cualquier patología que afecte al cerebro es capaz de alterar una función tan sensible como el sueño; o a la inversa, dado que también puede ocurrir que una patología del sueño como la apnea genere un accidente cerebrovascular o acelere el deterioro cognitivo”.

Entre las enfermedades neurológicas que afectan el sueño se encuentran las demencias, la hidrocefalia, la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple, las neuropatías periféricas y las miopatías. Inclusive, un cuadro tan frecuente como la migraña puede también perturbar el sueño.

Hábitos saludables

El tratamiento inicial del insomnio es cognitivo. Esto quiere decir que hay que darse cuenta de lo importante que es el sueño, así como también respetarlo y cuidarlo. Si bien hay que dormir cuando se tiene sueño, es vital analizar los hábitos que giran alrededor de este momento del día para tratar de detectar qué es lo que está interfiriendo.

El televisor, por ejemplo, muchas veces actúa como “chupete electrónico”; y si bien no es nocivo, para quienes tienen problemas para conciliar el sueño, lo más recomendable es no mirar televisión hasta tarde, así como también prescindir del televisor en la habitación. Otro punto que es necesario modificar es la realización de actividad física. Ejercitarse es sumamente recomendable, pero no hay que hacerlo tarde ni cerca de la hora de dormir. Lo mismo pasa con la ingesta de alimentos: de noche no hay que comer de más ni copiosamente.

Diagnóstico

Para detectar si una persona está teniendo este problema hay que fijarse si está lúcida, si se siente irritable o si muestra signos de depresión. Según el Dr. José A. Bueri, cuando existen dudas o bien cuando es necesario caracterizar mejor el problema nocturno que genera insomnio, el estudio ideal es la polisomnografía.

El Dr. Daniel Pérez Chada, jefe del Servicio de Neumonología del HUA, detalló: “La polisomnografía es el método de diagnóstico que permite estudiar una serie de variables neurofisiológicas y respiratorias y, de esa forma, evaluar la cantidad y calidad del sueño, así como también diferentes aspectos cardiorespiratorios –siempre durante el sueño o las horas de descanso”.

“En general, la polisomnografía se realiza en el laboratorio de sueño, con la presencia de un técnico que coloca los sensores y luego controla la calidad del estudio durante la noche. No obstante, en algunas situaciones particulares puede realizarse en el domicilio del paciente, siempre ante la presencia de un técnico, quien debe asegurar que todos los sensores permanezcan correctamente colocados durante el estudio”, agregó el Dr. Pérez Chada. Gracias a la realización de este examen, se pueden obtener señales mediante electrodos y sensores estratégicamente colocados en distintas partes del cuerpo.

“En los últimos años, la necesidad de reducir los costos y las listas de espera para realizar una polisomnografia, motivaron el surgimiento de nuevas tecnologías para el diagnóstico de apneas durante el sueño mediante el registro en el domicilio del paciente. Una de ellas es la técnica denominada “poligrafia respiratoria” que es muy sencilla, no interfiere en los hábitos de sueño del paciente y se puede realizar sin supervisión en el domicilio”, finalizó.

“Tips” extra para descansar mejor

– No consumir cafeína unas horas antes de acostarse.

– No fumar.

– Cenar al menos dos horas antes de irse a dormir.

– Utilizar la cama solo para dormir.

– No someterse a dietas extremas.

– Ir al baño a último momento.

– No realizar ejercicio en las cinco horas previas al momento de acostarse.

– No tener la computadora en el dormitorio.

– Establecer una rutina en base a la cual la persona se acueste y se levante siempre a la misma hora.

– Para relajarse antes de ir a la cama, optar por leer un libro, escuchar música o bien tomar un baño caliente.

– A menudo, cuando una persona enfrenta problemas de sueño, la siesta puede ser un recurso válido para paliar la fatiga crónica y el cansancio diurno, es decir, del día. La siesta debe ser breve y no prolongarse por más de 45 minutos porque, de lo contrario, se entra en una fase de sueño más profundo, que al despertar produce aletargamiento e inclusive puede generar el efecto contrario al deseado: sentirse más cansado y somnoliento.

Fuente: http://www.hospitalaustral.edu.ar/novedad.asp?iNoticia=944

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